El estado de la justicia en Cataluña se ha convertido en uno de los termómetros más fiables para medir la calidad democrática, la tensión territorial y la capacidad real de las instituciones para garantizar derechos. Saturación de juzgados, conflictos competenciales, debates sobre independencia judicial y el eco persistente del procés conviven hoy con intentos de modernización y digitalización que avanzan a diferentes velocidades.

1. Radiografía general: ¿en qué punto está la justicia en Cataluña?
Hablar del estado de la justicia en Cataluña obliga a ir más allá del ruido político y bajar al terreno concreto de los juzgados, las fiscalías y los profesionales que sostienen, con más o menos recursos, el día a día del sistema. El titular es doble: por un lado, una justicia sometida a una enorme presión política y mediática; por otro, una estructura judicial que arrastra déficits históricos de personal, medios y coordinación competencial.
Cataluña comparte muchos problemas con el resto del Estado —sobrecarga de trabajo, lentitud procesal, falta de inversión—, pero suma además un componente propio: la tensión entre el poder judicial de ámbito estatal y unas instituciones catalanas que reclaman mayor capacidad de decisión en la gestión de la justicia y en la interpretación de determinados derechos colectivos.
Congestión crónica
Numerosos partidos judiciales catalanes trabajan con una ratio de asuntos por juez superior a la recomendada por organismos europeos. La sensación de justicia lenta es uno de los principales focos de desafección ciudadana.
Brecha territorial
Barcelona concentra recursos, órganos especializados y mayor digitalización, mientras que zonas rurales y ciudades medianas como Tremp, Amposta o Figueres acusan falta de personal y servicios de apoyo.
Presión política
La gestión judicial del procés, los indultos y las reformas penales han situado a la justicia catalana en el centro del debate público, erosionando la confianza en la imparcialidad del sistema para una parte de la población.
Estos tres vectores —sobrecarga, desigualdad territorial y tensión política— condicionan cualquier diagnóstico sobre el presente y el futuro de la justicia en Cataluña.
2. Competencias y modelo institucional: quién manda realmente
El marco competencial es clave para entender qué se puede cambiar desde Cataluña y qué depende de decisiones estatales. El Poder Judicial en España es único y de ámbito estatal, pero las comunidades autónomas —entre ellas Cataluña— gestionan medios materiales y personales no judiciales, como edificios, informática o parte del personal de apoyo.
2.1. El papel del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC)
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es la cúspide del poder judicial en el territorio. Actúa como máximo órgano jurisdiccional en Cataluña, salvo las competencias reservadas al Tribunal Supremo. Es, además, un actor central en la relación entre la justicia y el autogobierno, especialmente en materia contencioso-administrativa y en conflictos que afectan a decisiones del Govern y del Parlament.
En los últimos años, el TSJC ha protagonizado decisiones de amplio impacto público: desde resoluciones sobre medidas lingüísticas en la escuela hasta sentencias relacionadas con actos del 1-O o la inhabilitación de cargos públicos. Cada una de estas decisiones ha alimentado un debate de fondo: ¿es la justicia un árbitro neutral o un actor más del conflicto político?
2.2. Generalitat, Ministerio de Justicia y Consejo General del Poder Judicial
La gestión de la justicia en Cataluña es un triángulo complejo:
- Generalitat de Catalunya: gestiona edificios judiciales, oficinas, parte del personal y la infraestructura tecnológica. Es responsable, por ejemplo, de la modernización de las sedes, la atención ciudadana y el despliegue de sistemas de videoconferencia o expedientes electrónicos.
- Ministerio de Justicia: define gran parte de la normativa procesal, aprueba la creación de nuevos juzgados y marca la política general de modernización del sistema en todo el Estado.
- Consejo General del Poder Judicial (CGPJ): órgano de gobierno de jueces y magistrados, encargado de nombramientos, ascensos y régimen disciplinario. Su bloqueo prolongado ha tenido efectos en la percepción ciudadana sobre la independencia judicial.
En la práctica, esta distribución genera frecuentes tensiones: Cataluña reclama más capacidad para decidir dónde y cómo reforzar órganos judiciales; el Estado defiende un marco homogéneo. Entre medias, ciudadanos y profesionales lidian con un sistema que, a menudo, parece diseñado más para la administración que para el usuario final.
3. Herida abierta: la justicia y el procés
Ningún análisis serio del estado de la justicia en Cataluña puede obviar el impacto del procés. Los procedimientos penales derivados del 1 de octubre, las órdenes de detención europeas, los indultos y las reformas legales posteriores han dejado una huella profunda en la percepción de imparcialidad del sistema.
3.1. Judicialización del conflicto político
Durante la última década, la justicia se ha visto obligada a ocupar espacios que tradicionalmente pertenecerían a la política. Muchas controversias que podrían haberse canalizado mediante negociación o reformas estatutarias y constitucionales han acabado en el ámbito penal y contencioso-administrativo.
Esta judicialización del conflicto tiene varias consecuencias:
- Polariza aún más a la sociedad, al convertir a jueces y fiscales en figuras percibidas como “parte” por uno u otro bloque.
- Desgasta la confianza en el principio de presunción de inocencia y en la proporcionalidad de las penas.
- Proyecta una imagen internacional de conflicto interno que condiciona la reputación institucional de España y de Cataluña.
3.2. Amnistía, indultos y reformas penales
La aprobación de reformas legales orientadas a revisar los delitos aplicados a dirigentes del procés, así como las negociaciones en torno a una posible amnistía, han reabierto el debate sobre la separación de poderes. ¿Hasta qué punto las decisiones legislativas corrigen o condicionan el trabajo de los tribunales? ¿Y cómo se percibe esto en la calle?
Lo cierto es que, para una parte de la ciudadanía catalana, la justicia es vista como un actor estatal poco sensible a la realidad catalana. Para otra parte, en cambio, los tribunales se convierten en el último dique de contención frente a lo que consideran un desafío al orden constitucional. El resultado es un clima de desconfianza cruzada que pesa sobre cualquier debate jurídico relevante.
Claves para entender la brecha de confianza
- Relato divergente: cada bloque político interpreta las mismas decisiones judiciales desde marcos mentales casi incompatibles.
- Lenguaje técnico: resoluciones complejas se reducen a titulares simplificados, lo que alimenta malentendidos y lecturas interesadas.
- Ausencia de pedagogía jurídica: falta una estrategia sostenida de comunicación institucional que explique, con claridad, qué hacen y por qué deciden así los tribunales.
4. El día a día de los juzgados: lentitud, colapso y brecha social
Más allá de las grandes causas, el ciudadano corriente se encuentra con otra realidad: juzgados saturados, plazos imprevisibles y procedimientos que se alargan años. En Cataluña, como en muchas otras comunidades, la justicia del día a día —la que decide sobre divorcios, despidos, alquileres, herencias o accidentes de tráfico— sufre una congestión que se traduce en frustración.
4.1. Jurisdicciones especialmente tensionadas
No todos los órdenes jurisdiccionales sufren por igual. Los más sobrecargados en Cataluña suelen ser:
- Social: conflictos laborales, ERE, ERTE y reclamaciones salariales se dispararon tras la crisis financiera y volvieron a intensificarse con la pandemia.
- Civil: demandas de consumidores contra entidades financieras, ejecuciones hipotecarias, cláusulas abusivas, así como litigios de familia.
- Penal: desde delitos leves hasta macrocausas, con especial presión en las grandes áreas metropolitanas.
- Contencioso-administrativo: recursos contra decisiones de la Administración, sanciones y normativa sectorial, a menudo muy técnica.
En todos estos ámbitos, la lentitud afecta de forma desigual: quien tiene recursos económicos puede permitirse mejor defensa, informes periciales y más margen para resistir. En cambio, las personas en situación de vulnerabilidad acostumbran a ver cómo sus reclamaciones se dilatan hasta perder parte de su sentido práctico.
4.2. Tecnología y modernización: avances desiguales
La digitalización de la justicia es uno de los grandes retos en todo el Estado. En Cataluña se han desplegado sistemas de presentación telemática de escritos, acceso online a expedientes y videoconferencias para determinadas vistas. Sin embargo, el mapa está lejos de ser homogéneo.
Mientras algunas sedes judiciales de Barcelona funcionan con una infraestructura más cercana a un modelo de oficina moderna, otros edificios de provincias arrastran problemas de conectividad, equipos obsoletos y falta de formación para el personal. Esta brecha tecnológica condiciona directamente la eficiencia y la calidad del servicio que percibe el ciudadano según el lugar en el que reside.
Para muchos despachos legales, la digitalización se ha convertido en un factor clave de competitividad. No es casual que hayan proliferado plataformas de consulta jurídica online que prometen rapidez y claridad en contextos donde el ciudadano a menudo se siente perdido al enfrentarse a un juzgado o a un procedimiento.
5. Derechos civiles, vivienda y precariedad: cuando la justicia toca la vida cotidiana
El estado de la justicia en Cataluña también se mide por cómo responde a los grandes problemas sociales: la emergencia habitacional, la precariedad laboral, la violencia de género o la integración de las personas migrantes. En todos estos ámbitos, las decisiones judiciales marcan fronteras muy concretas entre lo posible y lo imposible para miles de familias.
5.1. Vivienda y desahucios
Cataluña ha sido uno de los epicentros de la crisis de vivienda en España. La combinación de alquileres elevados, escasez de parque público y efectos de la especulación inmobiliaria ha llenado los juzgados de procedimientos de desahucio. A ello se suman regulaciones autonómicas y estatales que buscan limitar subidas de precio o dar más protección al inquilino, algunas de las cuales han sido recurridas y parcialmente anuladas.
En este contexto, entender qué derechos y obligaciones tiene cada parte —propietarios, inquilinos, comunidades de vecinos— se ha vuelto crucial. De ahí el auge tanto de asociaciones de defensa del derecho a la vivienda como de servicios profesionales especializados en arrendamientos, comunidades de propietarios e impagos.
5.2. Trabajo, salarios y despidos
El tejido económico catalán, muy basado en pymes, comercio y servicios, ha vivido varias sacudidas en los últimos años: crisis financieras, pandemia, inflación. Cada ola de incertidumbre económica se traduce en más expedientes disciplinarios, ERE, ERTE y conflictos laborales que acaban en los juzgados de lo social.
Para muchos trabajadores, el acceso efectivo a la justicia laboral sigue siendo un reto: tiempos largos, desconocimiento del procedimiento, miedo a represalias… La brecha entre el derecho teórico y el derecho real sigue siendo un tema pendiente en Cataluña y en el conjunto del país.
6. La percepción ciudadana: confianza, desafección y cultura jurídica
Uno de los indicadores menos visibles pero más determinantes del estado de la justicia es la confianza ciudadana. En encuestas y barómetros, la valoración del sistema judicial en Cataluña suele situarse en niveles intermedios-bajos, muy condicionada por la posición política de cada encuestado respecto al conflicto territorial.
6.1. Una justicia percibida como distante
Para buena parte de la población, la justicia sigue siendo un mundo opaco, regido por lenguaje técnico y dinámicas procesales difíciles de comprender para quien no es jurista. Muchos ciudadanos asocian la palabra “juzgado” con conflicto, miedo o pérdida de control sobre sus propios problemas.
Esta distancia se agrava cuando los procesos duran años o cuando las resoluciones parecen contradictorias entre sí. La sensación de arbitrariedad, aunque no se corresponda con la realidad jurídica, cala con fuerza si no se acompaña de una buena pedagogía institucional.
6.2. Educación cívica y comunicación institucional
Cataluña es una sociedad altamente politizada, pero no siempre igual de formada en cultura jurídica. Se habla de leyes, derechos y tribunales, pero a menudo desde relatos guiados por titulares o redes sociales. La educación cívica, tanto en la escuela como en el espacio público, tiene margen para incorporar contenidos claros sobre cómo funciona el sistema judicial y qué se puede esperar de él.
Al mismo tiempo, las instituciones judiciales empiezan tímidamente a cuidar más la forma en que comunican. Notas de prensa más pedagógicas, ruedas de prensa para explicar decisiones de gran impacto y estrategias de transparencia podrían contribuir a reducir la sensación de opacidad.
7. Arquitectura judicial y dignidad de los espacios: mucho más que ladrillos
La arquitectura de la justicia en Cataluña también dice mucho sobre el estado del sistema. No sólo en términos estéticos, sino en lo que afecta a la dignidad de las víctimas, la accesibilidad de los usuarios y las condiciones de trabajo de los profesionales.

7.1. Edificios que envejecen peor que los expedientes
No son pocos los profesionales que describen algunos juzgados como espacios tensos, saturados de ruido, sin privacidad, con salas de espera reducidas y pasillos donde víctimas y acusados comparten metros cuadrados antes de una vista clave. Esta realidad contrasta con la imagen de una Barcelona que cuida la fachada de sus edificios culturales, pero que a menudo posterga la inversión en infraestructuras judiciales.
En los últimos años se han acometido reformas parciales y nuevas sedes, pero el mapa sigue siendo muy desigual. En algunos partidos judiciales, la restauración de suelos, fachadas y espacios comunes no es sólo una cuestión estética: supone garantizar accesibilidad, confort acústico y una atmósfera más adecuada para decisiones que marcan la vida de las personas.
No es casual que, cuando se abordan proyectos de reforma integral de sedes judiciales, se preste una atención creciente al pavimento, la iluminación y el acondicionamiento de zonas de atención al público, siguiendo criterios de funcionalidad y durabilidad propios de proyectos de oficinas u hospitales.
8. Hacia dónde va la justicia en Cataluña: escenarios de futuro
Más allá de la coyuntura, la gran pregunta es qué tipo de justicia quiere y puede construir Cataluña en los próximos años. El futuro no está escrito, pero sí se pueden identificar algunos escenarios y tendencias plausibles.
8.1. Más especialización, más proximidad
Una de las vías de mejora pasa por reforzar la especialización de órganos judiciales en ámbitos sensibles —violencia de género, menores, grandes litigios económicos, protección de consumidores— y, al mismo tiempo, acercar la justicia al territorio mediante servicios de mediación, oficinas de atención ciudadana y ventanillas únicas que simplifiquen los trámites.
La proximidad no sólo es geográfica: también es lingüística y cultural. Garantizar el uso efectivo del catalán y del castellano en la justicia, sin que ello suponga retrasos o obstáculos, forma parte de la calidad del servicio público.
8.2. Digitalización, datos y justicia basada en evidencia
La otra gran palanca de cambio es tecnológica. No se trata sólo de tener expedientes en formato electrónico, sino de utilizar datos e inteligencia artificial para gestionar mejor los recursos, detectar cuellos de botella y ofrecer información clara a la ciudadanía. La clave estará en compatibilizar la innovación con las garantías procesales y la protección de datos sensibles.
Si se aprovecha bien, la digitalización puede acortar plazos, reducir trámites presenciales innecesarios y mejorar la coordinación entre órganos judiciales, abogados, procuradores y peritos. Si se aplica mal, corre el riesgo de crear una nueva brecha entre quienes pueden navegar cómodamente por sistemas online y quienes quedan fuera por edad, recursos o nivel formativo.
Retos ineludibles para la próxima década
- Reducir los tiempos de respuesta en jurisdicciones clave como social y civil.
- Mejorar la coordinación entre Generalitat, Ministerio y CGPJ para planificación a medio plazo.
- Invertir en edificios y espacios judiciales que estén a la altura de la función que albergan.
- Incorporar tecnologías útiles sin perder de vista la comprensión y el control humano de las decisiones.
- Recuperar la confianza ciudadana con transparencia, pedagogía y coherencia institucional.
Preguntas frecuentes sobre el estado de la justicia en Cataluña
¿Por qué se percibe la justicia en Cataluña como especialmente politizada?
La percepción de politización se debe a la combinación de varios factores: la gestión judicial del procés y sus consecuencias penales, la presencia constante de decisiones de tribunales en el debate público, el bloqueo en la renovación de órganos como el CGPJ y el uso partidista de determinadas resoluciones. Todo ello genera la impresión de que la justicia interviene en el conflicto territorial más allá de lo estrictamente jurídico, aunque muchos jueces reivindican su trabajo técnico e independiente.
¿Es más lenta la justicia en Cataluña que en otras comunidades?
La lentitud de la justicia es un problema generalizado en España, pero en Cataluña se agrava en algunos partidos judiciales concretos y en jurisdicciones como la social o la civil. El volumen de casos, la complejidad de ciertos litigios y la saturación estructural hacen que muchos procedimientos tarden años en resolverse. La diferencia no siempre está en el territorio, sino en el tipo de asuntos que se tramitan y en los recursos disponibles en cada órgano.
¿Qué papel tiene el TSJC en la vida política catalana?
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es el máximo órgano jurisdiccional en el ámbito autonómico y, por tanto, el encargado de revisar muchas decisiones del Govern y del Parlament. Esto lo sitúa en el centro de controversias sobre políticas lingüísticas, normativa autonómica y, en los últimos años, sobre actuaciones relacionadas con el 1-O. Su papel es aplicar la ley, pero el contexto político hace que muchas de sus sentencias tengan una fuerte repercusión pública.
¿Cómo afecta la digitalización al acceso a la justicia en Cataluña?
La digitalización facilita trámites, reduce desplazamientos y permite una gestión más ágil de expedientes, pero su impacto no es homogéneo. En grandes ciudades como Barcelona los avances son más visibles, mientras que en áreas rurales o en edificios antiguos la tecnología convive con limitaciones estructurales. Además, la brecha digital hace que algunas personas tengan dificultades para relacionarse con la Administración de Justicia sólo a través de canales online.
¿Qué se puede hacer para mejorar la confianza ciudadana en la justicia catalana?
Recuperar la confianza pasa por combinar reformas estructurales —más medios, menos retrasos, mejor coordinación institucional— con cambios de cultura jurídica: más transparencia, decisiones mejor explicadas, herramientas de orientación al ciudadano y una educación cívica que ayude a entender qué puede y qué no puede hacer un tribunal. También es clave que el debate político no utilice constantemente a los jueces como arma arrojadiza.