
La Candidatura d’Unitat Popular (CUP) es una de las fuerzas políticas más singulares del panorama catalán. Nacida al calor de los movimientos sociales y del municipalismo, combina independentismo catalán, anticapitalismo y feminismo, con una forma de organizarse radicalmente diferente a la de los partidos tradicionales.
En este reportaje analizamos, con mirada divulgativa y enfoque SEO, qué es la CUP en Cataluña, cómo se estructura por dentro, qué papel juega en el mapa político catalán y cuáles son sus prioridades programáticas hoy. También veremos por qué su peso va mucho más allá de los escaños que obtiene en el Parlament.
Idea clave: la CUP no se entiende solo como un partido, sino como una herramienta política de los movimientos populares, con fuerte arraigo local y un énfasis constante en la democracia de base y la desobediencia civil.
Qué es la CUP Cataluña: origen, ideología y posición en el mapa político
De las asambleas locales a la política nacional
La CUP surge en los años noventa y dos mil como candidatura municipalista en distintos pueblos y ciudades de Cataluña. Su foco inicial no está en el Parlament, sino en los ayuntamientos y en los problemas cotidianos: vivienda, urbanismo, transporte, equipamientos públicos o modelo turístico.
Con el paso del tiempo y el crecimiento del movimiento independentista, la CUP empieza a tejer una red de asambleas locales que, coordinadas, acaban dando el salto a las elecciones autonómicas. A partir de 2012, entra en el Parlament de Cataluña y se convierte en un actor clave en las mayorías soberanistas.
Independencia, socialismo y feminismo
La CUP se define como una organización política de izquierdas, independentista y feminista. A grandes rasgos, sus pilares ideológicos son:
- Independentismo: defensa de la independencia de Cataluña respecto del Estado español, con una estrategia basada en la ruptura democrática y la desobediencia a las leyes que consideran injustas.
- Anticapitalismo: crítica frontal a la economía de mercado, a la precariedad laboral y al poder de las grandes corporaciones; apuesta por un modelo socialista y comunitario.
- Feminismo y LGTBI+: voluntad de incorporar la perspectiva feminista en todas las políticas públicas, desde el urbanismo hasta el sistema educativo.
- Ecologismo y decrecimiento: defensa de un modelo productivo sostenible, con límites al crecimiento, relocalización económica y protección de los ecosistemas.
- Democracia de base: apuesta por asambleas abiertas, referéndums internos y mecanismos permanentes de control de cargos electos.
Este posicionamiento sitúa a la CUP en el espacio de la izquierda independentista, a la izquierda de ERC y claramente fuera de la lógica de los grandes partidos de gobierno.
Cómo se organiza la CUP: asambleas, territorios y toma de decisiones
Entender cómo se organiza la CUP en Cataluña es clave para comprender también su forma de hacer política. Frente al modelo vertical típico de los partidos, la CUP se estructura en diferentes niveles asamblearios.
Asambleas locales: el corazón del proyecto
El núcleo de la organización son las asambleas locales. Cada municipio o barrio donde la CUP tiene presencia política dispone de una asamblea abierta en la que militan personas activistas, simpatizantes y cargos electos. Allí se debaten y deciden:
- Las líneas políticas locales (presupuestos municipales, mociones, alianzas).
- Las propuestas que se trasladan a las coordinaciones territoriales y nacionales.
- El seguimiento y control de los concejales y de los equipos de gobierno cuando gobiernan.
La CUP se define a menudo como un espacio político de abajo arriba, donde la soberanía recae en las bases y no en una cúpula dirigente.
Estructuras territoriales y nacionales
Para coordinar estas asambleas, la organización cuenta con:
- Asambleas territoriales o comarcales, que agrupan a varias asambleas locales.
- Órganos de coordinación nacional que preparan estrategias, campañas y posicionamientos comunes.
- Espacios sectoriales (vivienda, educación, sanidad, feminismo, ecología) donde se elabora el discurso temático.
Las decisiones de mayor calado —por ejemplo, si apoyar o no una investidura en el Parlament— suelen pasar por
amplios procesos internos que incluyen debate público en las asambleas y, en ocasiones, votaciones de militancia.
Limitación de mandatos y control de cargos electos
Otro rasgo distintivo de la CUP es su código ético para cargos públicos, que incluye:
- Limitación de mandatos para evitar la profesionalización excesiva de la política.
- Topes salariales: los representantes no pueden cobrar salarios muy superiores al sueldo medio.
- Rendición de cuentas periódica ante las asambleas locales y territoriales.
- Obligación de mantener vínculos con los movimientos sociales del territorio.
Este sistema busca garantizar que la militancia mantenga el control sobre sus representantes y que estos no pierdan el contacto con las realidades sociales que dicen representar.
La CUP y el proceso independentista: papel en el 1-O y en el Parlament
La CUP como motor de la ruptura democrática
En el relato del procés independentista catalán, la CUP aparece de forma recurrente como fuerza que empuja hacia posiciones de mayor confrontación con el Estado. Sus líneas maestras han sido:
- Defender un referéndum unilateral cuando no había acuerdo con el Estado.
- Apostar por la desobediencia civil masiva como herramienta política legítima.
- Rechazar estrategias puramente autonomistas o de reforma interna del Estado.
Su papel en las negociaciones de investidura y en la aprobación de leyes consideradas de ruptura (como las leyes de desconexión) ha sido determinante para entender las mayorías independentistas en el Parlament.
El 1 de octubre y la legitimidad del mandato
El referéndum del 1 de octubre de 2017 es uno de los hitos que más han marcado el discurso de la CUP. La organización reivindica aquel día como un momento de autoorganización popular, donde miles de voluntarios protegieron urnas y colegios pese a la intervención policial.
Desde entonces, la CUP sostiene que el 1-O otorgó un mandato democrático para avanzar hacia la independencia y que la falta de materialización institucional de ese mandato constituye una de las grandes contradicciones del espacio independentista.

Relación con otras fuerzas independentistas
La CUP ha mantenido una relación ambivalente con otras fuerzas independentistas como ERC o Junts. Por un lado, comparte con ellas el objetivo de alcanzar la independencia. Por otro, se distancia de sus políticas económicas, su apuesta por la negociación con el Estado y su forma más clásica de hacer política.
Esta tensión se ha expresado en momentos clave como:
- Las negociaciones de investidura tras distintas elecciones autonómicas.
- Los debates sobre hasta dónde llegar en la desobediencia institucional.
- Las discrepancias sobre presupuestos, recortes o políticas de vivienda.
El resultado es una CUP que oscila entre el apoyo crítico y la oposición frontal, según percibe que el Govern se aleja o se acerca al horizonte de ruptura y justicia social que defiende.
Principales prioridades políticas de la CUP en Cataluña
Más allá del eje nacional, la CUP ha construido un programa amplio que toca prácticamente todas las áreas de la política pública. Sus prioridades políticas pueden ordenarse en cuatro grandes bloques.
1. Independencia y soberanía
El primer eje es el de la independencia de Cataluña entendida no solo como un cambio de Estado, sino como una redistribución del poder hacia las clases populares. En este bloque destacan:
- Defensa del derecho a la autodeterminación mediante un referéndum vinculante.
- Apuesta por la desobediencia civil e institucional frente a leyes que se perciben como injustas o antidemocráticas.
- Reivindicación de un Estado propio de carácter republicano, con fuerte participación ciudadana.
2. Justicia social y políticas económicas
La CUP sitúa la lucha contra la desigualdad en el centro de su programa económico. Algunas de sus propuestas reiteradas son:
- Reversión de recortes en sanidad, educación y servicios sociales.
- Fiscalidad más progresiva, con mayor presión sobre grandes fortunas, bancos y grandes empresas.
- Refuerzo del sector público y remunicipalización de servicios básicos (agua, residuos, energía).
- Medidas contra la precariedad laboral y defensa de los derechos de las trabajadoras.
3. Vivienda, ciudad y modelo turístico
En el ámbito urbano y local, la CUP ha impulsado numerosos debates sobre modelo de ciudad, acceso a la vivienda y turismo. Algunas líneas habituales son:
- Defensa de la vivienda como derecho y no como mercancía.
- Regulación estricta de los alquileres y los fondos de inversión que compran edificios enteros.
- Límites al turismo masivo que encarece los alquileres y transforma los barrios.
- Rechazo a grandes proyectos urbanísticos que consideran especulativos.
En ciudades como Barcelona, Girona o Tarragona, la CUP y su entorno social han cuestionado repetidamente el impacto del turismo en el tejido vecinal, así como la gentrificación derivada de estas dinámicas.
4. Feminismo, ecología y defensa de los servicios públicos
Otros tres ejes que atraviesan todo el programa de la CUP son el feminismo, el ecologismo y la defensa de los servicios públicos:
- Incorporación de la perspectiva de género en todas las políticas (presupuestos, urbanismo, transporte, educación).
- Apoyo a las huelgas feministas y medidas contra la violencia machista.
- Apuesta por una transición ecológica justa, con energía renovable descentralizada y control comunitario.
- Defensa de una sanidad y educación 100 % públicas, con fin de los conciertos en sectores donde exista suficiente oferta pública.
Municipalismo y tejido social: por qué la CUP influye más allá de las urnas
Uno de los puntos menos visibles y, sin embargo, más relevantes para entender la CUP en Cataluña es su conexión con los movimientos sociales y con el municipalismo.
La política que empieza en el barrio
Para la CUP, la política municipal no es un apéndice de la política nacional, sino su base. Muchos de sus debates se anclan en lo que ocurre en el barrio: desahucios, cierre de comercios, transformación de plazas, nuevas infraestructuras o conflictos ambientales.
Esta proximidad permite que la organización construya un relato político cercano, en el que las grandes palabras (soberanía, ruptura, socialismo) se traducen en conflictos concretos: el vecino que no puede pagar el alquiler, la escuela concertada que selecciona alumnado, el CAP saturado o la contaminación que afecta a los barrios más pobres.
La CUP y los movimientos sociales
Buena parte de la militancia de la CUP proviene de espacios como:
- Plataformas por el dret a l’habitatge y contra los desahucios.
- Colectivos feministas y LGTBI+ de barrio.
- Movimientos ecologistas contra macroproyectos o infraestructuras.
- Casales populares, ateneos y centros sociales autogestionados.
Más que incorporar a estos movimientos como “ala social” del partido, la CUP entiende que es ella quien debe ser herramienta política al servicio de las luchas existentes. De ahí que muchas de sus iniciativas institucionales reproduzcan reivindicaciones trabajadas previamente en la calle.

Debates internos y críticas a la CUP: los retos de una organización asamblearia
Como cualquier fuerza política, la CUP también afronta críticas y desafíos internos. Su modelo asambleario, que es uno de sus rasgos diferenciales, genera al mismo tiempo tensiones y preguntas.
Asamblearismo vs. agilidad política
Tomar decisiones estratégicas a través de decenas de asambleas locales y territoriales tiene una ventaja evidente: más pluralidad y control desde la base. Pero también implica:
- Procesos lentos en contextos donde la actualidad política exige respuestas rápidas.
- Dificultad para mantener una línea única cuando hay sensibilidades internas muy distintas.
- Mayor exposición a conflictos públicos durante las negociaciones con otros partidos.
Estos dilemas se han visto, por ejemplo, en debates sobre si apoyar o no investiduras que implicaban compromisos difíciles de encajar con su programa.
Gestión institucional y expectativas de cambio
Otro de los retos habituales para la CUP es la gestión de las expectativas. Una parte de su electorado espera cambios rápidos y profundos allí donde la organización entra a gobernar o sostiene mayorías.
Sin embargo, la realidad institucional —limitaciones presupuestarias, marcos legales, correlación de fuerzas— condiciona hasta dónde se puede llegar en cada mandato. Esto genera, a veces, frustración en una parte de la base y obliga a la CUP a revisar constantemente su equilibrio entre calle e instituciones.
La CUP hoy: perspectivas de futuro y posibles escenarios
Hablar de la CUP en Cataluña hoy significa situarla en un escenario político cambiante: recomposición del espacio independentista, debates sobre prioridades sociales y nuevas generaciones de militancia.
Relevo generacional y nuevas luchas
Con los años, la CUP ha ido incorporando nuevas generaciones de activistas, muchas de ellas vinculadas a luchas climáticas, feministas o antirracistas. Este relevo genera:
- Un discurso más transversal, que conecta el eje nacional con debates globales como la crisis ecológica o el auge de la extrema derecha.
- Mayor énfasis en temas como cuidado, salud mental, precariedad juvenil o migraciones.
- Refuerzo de la dimensión internacionalista de la organización.
¿Más peso institucional o más foco en la calle?
Uno de los grandes debates de futuro para la CUP gira en torno a su estrategia institucional. Existen dos polos en tensión:
- Quienes consideran que la CUP debe consolidar su presencia en parlamentos y grandes ciudades, sin perder el anclaje social.
- Quienes prefieren priorizar aún más la acción de calle y el trabajo comunitario, evitando quedar atrapados en las lógicas institucionales.
En cualquier caso, el hilo conductor parece claro: la CUP seguirá apostando por la democracia de base, la defensa de los derechos sociales y la independencia como proyecto de país ligado a la transformación social.
Preguntas frecuentes sobre la CUP en Cataluña
Para cerrar este análisis, recopilamos algunas preguntas frecuentes sobre la CUP que ayudan a resumir su papel en la política catalana actual.
¿Qué significa CUP y cuáles son sus principales rasgos ideológicos?
Las siglas CUP corresponden a Candidatura d’Unitat Popular. Se trata de una organización política catalana que combina independentismo, anticapitalismo, feminismo y ecologismo. Defiende la independencia de Cataluña, pero siempre vinculada a un proyecto de transformación social profunda, con más derechos, más servicios públicos y una economía menos desigual.
¿La CUP es un partido político al uso o algo diferente?
Aunque participa en elecciones y tiene representación institucional, la CUP se define más como una herramienta política de los movimientos populares que como un partido clásico. Su organización se basa en asambleas locales y territoriales que toman decisiones de forma colectiva, con fuertes mecanismos de control sobre cargos electos, limitación de mandatos y topes salariales.
¿Qué papel jugó la CUP en el 1 de octubre y en el procés independentista?
La CUP fue una de las fuerzas que más presionó para hacer efectivo un referéndum unilateral de independencia cuando no había acuerdo con el Estado. Durante el 1 de octubre de 2017, muchas de sus militantes participaron activamente en la defensa de colegios y urnas. Desde entonces, la organización reivindica el 1-O como un mandato democrático pendiente de materializar.
¿Cuáles son las prioridades políticas actuales de la CUP en Cataluña?
Además de la independencia, las prioridades de la CUP se centran en la justicia social, la defensa de los servicios públicos, el derecho a la vivienda, las políticas feministas y la transición ecológica. La organización insiste en que no basta con cambiar el marco estatal: para que la independencia tenga sentido, debe ir acompañada de un cambio profundo en el modelo económico y social.
¿Por qué se dice que la CUP tiene más influencia de la que indican sus escaños?
Aunque la CUP suele obtener menos escaños que otros partidos, su capacidad de condicionar mayorías parlamentarias y de marcar agenda en la calle es muy elevada. Su presencia en movilizaciones, su vínculo con los movimientos sociales y su papel en negociaciones de investidura explican por qué, a menudo, sus posiciones pesan más de lo que reflejan las cifras estrictamente electorales.